Centro de Diagnostico Integral

Como no ser estupido.

La estupidez es el arma más destructiva del ser humano y su lujo más costoso. Los psiquiatras estudiamos los desórdenes psicosomáticos, la neurosis, la histeria, la paranoia, los traumas, las fobias y las perversiones sexuales, pero la estupidez, casi nunca. ¿Es que acaso de lo frecuente que se ha vuelto, ya nos parece normal? Es que la estupidez es sinónimo de simplicidad, vulgaridad y el psicoanálisis se adentra en el terreno de lo complejo y complicado. El sabio es aquel que conoce las cosas, lo que piensa y lo que habla, el estúpido las ignora. Algunos científicos creen que la estupidez es genética, que se da en familias y que se trasmite por generaciones. Nuestra historia reciente y en personajes celebres, así lo certifica. El cerebro no piensa, se piensa con el cerebro y si un individuo tiene defectuoso este órgano, por lógica su pensamiento será anormal. La naturaleza ha dotado al ser humano de órganos sanos, en la inmensa mayoría de los casos y sin embargo hay tantos estúpidos circulando por el mundo, que nos hace dudar de la anterior aseveración. Podríamos decir, entonces, que el defecto no se halla en el instrumento (cerebro) sino en el usuario (individuo), el ser humano que, con su prepotencia y mesianismo y su ego sobredimensionado, no utiliza bien el instrumento (cerebro). Oscar Wilde (Irlanda 1854-199 escritor, poeta y dramaturgo) decía “No hay más pecado que el de la estupidez”, pues es la negativa a utilizar lo que la naturaleza nos ha dado o a utilizarlo erróneamente. Parece una perogrullada (simpleza), pero no son idénticos, conocimiento y sabiduría y así hay estúpidos que son ministros y hasta presidentes y hay hombres discretos con escasos conocimientos. La abundancia de conocimientos disimula la estupidez, mientras que la sabiduría puede ser evidente, a pesar de su ignorancia. En “La anatomía de la melancolía”, Burton (Inglaterra 1577-1640 clerigo y erudito de Oxford) nos dice, que, si el brazo o la pierna no funcionan, nuestro cuerpo echa mano de todos los recursos posibles, pero no le damos atención a las enfermedades del espíritu, como la ambición desmedida, la prepotencia y fatuidad. En los pueblos primitivos el pensamiento está consagrado a la expresión y no a la creación (nuestro continente en la época actual). Los grandes descubrimientos son fruto de la unión del instinto y la razón. Toda actividad del ser humano es auto-expresión y así cuando hablamos o escribimos, caminamos o amamos, estamos expresándonos. Los hombres primitivos (no interesa el cargo que ocupen) y los niños, se esfuerzan por expresar su voluntad, solo con el fin de establecer su voluntad (ego). Y ello ha sido ancestralmente, una necesidad del ser humano, sin importar las normas éticas a las que deba someterse. Es que las realizaciones culturales de la humanidad, son expresiones de la voluntad humana o lo que es lo mismo, realizaciones de deseos humanos. Y esta es la causa de que exista tanta gente estúpida. Si la resistencia con que esa gente tropieza para realizar sus deseos, es muy grande, la resistencia se extiende a todo, incluso a lo básico: el pensamiento. Durante el desarrollo del ser humano, ha hecho un esfuerzo constante para obtener poder. En cualquier sitio en que actue, el ser humano lucha por destacarse del resto y al mismo tiempo teme que su intención sea muy evidente. Es una mentira que el avestruz esconde la cabeza en la arena frente al peligro, pero ha servido el mito para exponer las actitudes humanas en las que el miedo provoca conductas estúpidas, ya que la estupidez es miedo a la crítica, temor a otras personas o al propio Yo. Cuantos omnipotentes y mesiánicos se tienen miedo a sí mismos y tienen terror en sus delirios, de morir arrastrados por la masa, que hoy los adula y aplaude. Son presas de sus propios miedos y fantasías, el pasado infantil los tortura, los persigue a todo lado, ya que lo llevan dentro de su propia cabeza, en los casilleros más ocultos de su memoria. Lise Bourbeau (Quebec, 1941) nos explica en “Educar para Sanar”, que son las heridas de rechazo, el miedo al abandono, a la humillación, a la traición o miedo a confiar y la injusticia. El amor nunca hará que los niños se malcríen, dice Lisa Bourbeau. Charles Robert Richet (Francia 1850-1935), dice que “estúpido no es el hombre, sino el que lo comprende bien y sin embargo, procede como si no entendiera”. Pero el “Elogio de la Locura” de Erasmo de Rotterdam (Suiza 1466-1536) es la sátira más profunda y aguda, de la estupidez humana. En su “Elogio de la Estupidez” Erasmo de Rotterdam hace una crítica mordaz de los vicios de la sociedad que le tocó vivir, sirviéndose de una enorme erudición y de un finísimo sentido del humor. 500 años después de su primera edición, su obra más popular, un auténtico bestseller (éxito de venta) en su época, sigue manteniendo el valor y significado que cuando se compuso, dejando al descubierto al Erasmo irónico y mordaz, al descreído, al azote de imbéciles de cualquier género y condición. La estupidez es la más grande de las desgracias humanas y un estúpido en una posición importante, puede hacer mucho daño a toda una nación. La fatuidad o estulticia, la inconsecuencia y el fanatismo, son los ingredientes tóxicos de un veneno letal. El costo de la estupidez es incalculable y así tenemos actualmente el caso del presidente venezolano, que esta liquidando a toda una nación. Así que OJO con los estúpidos.

Doctor Rafael Antonio Velasco Terán

Neurólogo, psiquiatra, geriatra, medicina antienvejecimiento

Consulta: Kennedy Norte: Juan Falconí y Alberto Borges – Tel.503.7849

Cel. 0984885070 – Mail: rafaelvelascot – Guayaquil-Ecuador

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